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Tenía 19 años y un sueño: ser ingeniero mecánico. Pero la vida es una ruleta, dicen, y en una de sus vueltas cambió el rumbo profesional del joven. El nombre de Gabriel Ricardo Arocha Alonso no figuraría entre los egresados de la Universidad Central de Las Villas cinco años después.

Otros pasillos serían testigos de su andar, otras las presiones, otras las responsabilidades. Hoy es un oficial de la Aduana General de la República, en su sede de Cienfuegos, institución con la cual mantiene una relación de amor desde hace 35 años.

Más info: http://www.5septiembre.cu/gabriel-ricardo-arocha-elogio-de-la-disciplina-y-algo-mas/

“Estudiaba ingeniería mecánica en Santa Clara, pero por problemas familiares no pude continuar y empecé a laborar aquí. Me hice técnico medio en Aduana en el antiguo combinado de estudios de la empresa Terminales Mambisas. Más adelante, como parte de mi trayectoria, me hice licenciado en Psicología, especialidad que me ha ayudado mucho en mi trabajo. El enfrentamiento con los pasajeros en la vía aérea (donde trabajé mucho tiempo) y con los tripulantes, en la marítima, requiere de mucha perspicacia y psicología para los controles y demás acciones”, comentó Gabriel Ricardo.

Tanto gusto le tomó este cienfueguero al quehacer en frontera que es el único centro donde ha laborado. “Siempre he sido oficial de Aduana, aunque he desempeñado otros cargos: jefe de aeropuerto, especialista principal. Ahora soy oficial en la vía marítima. Tengo que ver con toda la documentación de los barcos que operan en Cienfuegos, excepto en la Refinería, y con la mercancía almacenada en el depósito temporal de la Zona No. 2 del Puerto.

¿Puede contarme algún pasaje de esos momentos de mayor tensión?

“Atesoro varias anécdotas. En una ocasión, durante un despacho a un buque, se encontraron muchas cajas de tabaco que iban de manera ilegal. El tabaco resultó ser falso, por tanto, fue muy acertada la detección, porque eso hubiera podido desacreditar la marca Habanos SA en el exterior. También en la vía aérea muchas veces detectamos la entrada de artículos peligrosos. Y en la vía marítima, donde laboro en estos momentos, hemos descubierto mercancías que, tratando de burlar el control aduanero, se introducen sin que el puerto las haya declarado. Además, le hemos salido al paso a operaciones incorrectas del puerto.

¿Qué le ha aportado la Aduana a su vida personal?

“Me ha hecho ser una persona muy organizada, que se autoprepara. He sido merecedor de tres sellos de Honor Aduanero y seleccionado vanguardia en varias ocasiones. He participado en el Fórum de Ciencia y Técnica con resultados relevantes, con trabajos que se han hecho extensivos a otras aduanas y hacen más fácil la actuación de los oficiales.

¿Alguna vez han tratado de sobornarlo?

“Sí, pero siempre he frustrado esos intentos”.

Cuando mira atrás, al tiempo en que tuvo que dejar los estudios de ingeniería mecánica, ¿lamenta o agradece haber tomado este otro camino?

“No, no lo lamento. Aquí me siento muy bien. La Aduana me dio la posibilidad de adquirir nivel superior con una carrera afín a mi trabajo. Si volviera a nacer, otra vez escogería entrar aquí”.

¿Qué le aconsejaría a un joven que quiera ingresar a esta institución?

“Tener en cuenta que es un trabajo bonito y sacrificado a la vez. Sacrificado, porque hay que hacer cumplir muchas directivas de los diferentes ministerios. Somos la primera cara del país y tenemos que estar claro de cada actuación y de por qué se hace”.

Gabriel Ricardo es de los que no gusta de dejar las cosas para después. Ama hacerlo todo correctamente y por eso se exige mucho, demasiado quizá, a sí mismo. Sus ratos libres transcurren como los de cualquier cubano. Prefiere compartir con la familia, ver la televisión, sobre todo, la programación deportiva.

En su opinión, quienes se desempeñan en la Aduana necesitan realizar el trabajo con mucha profesionalidad, con dedicación, y tener como asideros la honestidad, la disciplina y la capacitación constante.

Realizado por: Yudith Madrazo Sosa