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Desde que somos pequeños y otros no tanto, hemos siempre escuchado la coincidencia en el nacimiento de estos dos grandes de la historia de Cuba. Si bien esta fecha une la vida de estos hombres, existen otros elementos que enlazan a estas personalidades en un fin común. La historia en sí, es sabia, y por tanto se empeña en distribuir equitativamente la valía de estos héroes en espacios temporales distintos. Se pudiera afirmar que la coincidencia del natalicio nos permite celebrar con júbilo y aunar en una misma jornada la obra enorme de estas personalidades.


No es objeto de este artículo exponer las hazañas del Che y Maceo porque de una forma u otra somos consciente de ello. El verdadero propósito trasciende estas líneas. No solo son dos próceres de la historia que en épocas distintas se entregaron al regazo de la Patria que hasta ahora y por siempre los contempla orgullosa; se trata de observar de manera conjunta el sacrificio del amor hacia la justicia, la libertad y principalmente la independencia. Antonio Maceo demostró que no existe barrera alguna cuando la obra del ser humano se empeña en el bienestar de sus compatriotas. La esencia misma del santiaguero lo impulsó hacia las leyes en tiempos difíciles para su color de piel, y esta, a su vez, lo condujo al machete latente y vigoroso incapaz de sentir misericordia hacia aquellos que oprimen su tierra. Mientras que el carácter intransigente de su personalidad hasta hoy nos acompaña, deja como evidencia la incompatibilidad de la paz sin independencia. En cuanto a la obra del Che, no es precisamente lejana en el tiempo si la óptica es la misma. Una vez más se quebrantan barreras. Este argentino de nacimiento, trascendió su espacio geográfico impulsado por un pensamiento firme en sus principios. Su alma noble de médico se digna a colaborar con una causa más que justa y necesaria. Una vez más, se muestra la respuesta de dos personalidades que se niegan a cruzarse de brazos cuando lo más cuando lo más preciado del ser humano, la libertad, se encuentra hostigada. Por tanto, a pesar del lapso que los separa, el llamado de una Patria que cada vez se hace más suya, une en una misma causa la riqueza de dos hombres a la altura de sus tiempos.

Por: Hamlet Rosales Rodríguez y Noedys Rodríguez Candelario