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No es necesario dentro del ámbito nacional, a la hora de referirse al líder de la Revolución cubana, con otro nombre que Fidel. Todos lo conocemos por su nombre de pila, pero, por qué será. Es que cuando un pueblo adopta esta identificación tan simple, es porque lo siente cercano a su esencia. Sin lugar a dudas, asi fue, y asi será. No es la figura de un hombre que cae del cielo y se canoniza luego de lograr la victoria frente a la inmensa opresión de su pueblo.

Fidel es todo lo contrario, no hizo más que responder por el pueblo que lo apoyó en los momentos claves de la gesta revolucionaria. Fidel se acerca, se preocupa, escucha, aprende, razona, interpreta, critica y hace. No podemos excluir a Fidel de ningún ámbito de la sociedad cubana, ninguno. Su pensamiento recorre todas las esferas de una nación que se construye desde los escombros. Como líder nato al fin, apela por el sentido de gratitud, las ansias de cambio y la buena fe de aquellos que decidieron continuar a su lado pese a las adversidades propias del contexto histórico. No se materializa desde lo más alto del podio como un santo listo a conceder milagros anhelados, o como un político con promesas a punta de labio. Se consagró y comprometió, desde las ideas necesarias y puntuales, hasta la mano de obra precisa en la construcción de un centro médico en lo profundo de las montañas orientales que no le fallaron. A la hora de hablar sobre Fidel siempre se engendra un temor sano, miedo a no resaltar algún punto de su maravillosa existencia; pero a su vez, paradójicamente, se torna sencillo. Solo se debe escuchar a la conciencia y apelar al sentido de gratitud, vinculado siempre con nociones puntuales de su historia. La cual, desde luego, es nuestra historia, es la historia de nuestros hijos y nietos, es el Fidel de aquella, esta y la próxima generación de cubanos que acude a socorrer a la era de Silvio Rodríguez, aquella que está pariendo un corazón y que hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir. Es precisamente eso, volver a nacer en Fidel, apoyar a Fidel, es volver simplemente Fidel.

Por: Hamlet Rosales Rodríguez. Colaborador histórico de la Aduana General de la República de Cuba.